Aquí estoy, como si todo empezara cada día y hay que armarse de fuerzas para no esperar nada de ti, para no ser estar dispuesta a darlo todo para que seamos felices más allá del resto del mundo, pero no logro dar con el momento en que siento la estabilidad y la confianza de dejar de luchar.
Todos los días es una batalla por tu atención, por ser el payaso que más agrade y te haga verme por 5 minutos más, y 5 minutos más… Hasta que pasa un día y logro como recompensa un mensaje al día siguiente, y así ha transcurrido más de un mes; pero me alimento de certeza y esta lucha me deja con un hambre que no sacias, que escondo en las esquinas de mi cuarto para engañarme y decir que no han crecido… Pero estas tú, respirando, viviendo, escribiendo y yo habida de tenerte, de romper con las reglas de la desdicha y simplemente ser feliz.
Y no eres nadie, pero estas siendo tantas cosas que mi rutina te extraña y no logra concentrarse si no llegas de inesperada sorpresa y me robas las sonrisas mientras el stress ataca. No soy tan fuerte y decidida ante tantas ganas de encontrarte, de escucharte, y de hacerte sonreír… Esto era lo que me temía, tu silencio no es tal que me habla en tu ausencia, solo me recuerda que no estás.
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