
Di que me fallaste y no va a pasar nada, acordemos que nos equivocamos pero regresa y hazme el amor, róbame los besos que escondo para no seguirte llorando y despedirme de ti en gritos y mordidas a la almohada.
Encontrémonos en el lugar donde quedamos debiendo gemidos y caricias, y acordemos ahí amarnos a escondidas de los sentimientos del presente, al margen de tu vida y la mía que hace feliz a alguien más; quiero robarte ese día la deuda de silencios con los que reprochaste el haberte despojado de mi inocencia y olvidar donde la habías dejado. Pero así, sin hablar, haciendo el esfuerzo por no recordar todas las veces que nos quedamos dormidos suplicándole a la dicha que nos dejara recuperarnos de tantas sonrisas y placer o los besos golpeados por evitar discutir tu falta de esfuerzo para tenerte en mí.
Reservemos el rincón de siempre y pidámosle que siga siendo la huella sin nombre en las heridas que quedaron en la piel porque los te amo no supieron hacerlas desaparecer, y hazme tuya como un instante eterno para seguir viva y adelante, sin mirar las fotos y los anillos de las promesas que se hicieron llagas en la espalda. No te juzgaré, no me juzgaras por amarte más de lo que merecías y será suficiente la despedida plagada de silencios en los que encerramos nuestra disposición a volver a intentarlo.