miércoles, 26 de enero de 2011

¿Ignorar o despedirse?

Qué manera es esta de inventarme tu mirada,
de conseguir en mis fotos retazos de las tuyas,
me traiciono buscándote en mis líneas, en los silencios que te envío a ver si descubres en mi ausencia las ganas locas que tengo de verte,
esta manera inconcluso de quererte se me ha hecho una tonelada de preguntas y reproches a cuestas y parece costumbre el quedarme con interrogantes que no me dejan entender que pasó,
porque sé que para que te fueras no era necesario que dijeras adiós,
pero me habría gustado que lo hicieras y me explicaras en un dibujo tus razones por demás conocidas para así no tener excusas de aparecer y volverte a ver.

Concédeme unas líneas de tu tiempo, hazle honor a las horas que dediqué a soñarte en mi vida y miéntele a mi deseo para hacerlo entender que nunca nos has pertenecido.

martes, 25 de enero de 2011

Te propongo encontrarnos casualmente

Vamos a hacer un trato y proponernos dejarnos,
Dejar que se nos canse el odio y la disposición de estar lejos,
Dejar que dejemos de buscar olvidarnos en unos besos que se nos marchitan en los labios,
Dejar de gritar nuestros nombres justo antes de no tener conciencia porque un orgasmo atravesó nuestro cuerpo mientras nos “poseía” un desconocido,
Y seamos fieles a este absurdo que creamos hace tantos años, que le dimos forma con mi risa y tus palabras, que tiene un nombre que ya no usamos por temor a que amemos más (o quizás menos a quien está de turno),
Pero deja de engañarte y engañarnos con ese odio que asumiste sentir y destruir lo mucho que eras para pasarte al bando de la nada, del resentimiento absurdo porque tu ego se dio cuenta que no era invencible, asume que ambos perdimos porque yo te di de más y me quede con años por delante para reinventarme. Quiero que se confabule la vida de nuevo para encontrarnos y tenerte en frente, y saber si a nuestra piel se le olvida despertarse ante un monstruo que fue todo, y quiero que me mires a los ojos, esos donde te encontraste cuando eras el siervo y te convertiste en héroe; quiero que me hables con la verdad que nunca creíste que merecía y me digas lo que sea, yo soy capaz de aceptarte los insultos que dirá tu dolor, pero habla y dame, después de tantos años, la explicación que me robo horas de sueño mientras me la inventaba para seguir con una vida que sigue en pausa.

Juguemos a que no hay estrategias ocultas en nuestras palabras; yo optaré por decirte que odio amarte en el luto de tu desprecio, de lo insuficiente que se han hecho estos cms cuadrados de piel para sentir algo más que la nada, por estas oportunidades que han huido porque no aguantan el rechazo de mi silencio y mi asco… Te odio amándote porque me dejaste con el maleficio del asco a la vida, por esta distancia que no sé disimular para encontrarme en otros ojos, por no buscarte en otro cuerpo solo para seguir teniendo la certeza que no estarás, que lo poco que habré dado será para seguir en deuda con tu ausencia y extrañarte más.

Y no me importará gritarte que no soy nada, que está mujer que me inventé en tu ausencia quiere ocultarse en tus besos, en las caricias que vestirán mi piel y en las palabras que jugamos a adivinar en las miradas, y diré todo las palabras que practiqué modular mientras mi esperanza me decía que volverías y desesperaba mientras eso no pasaba. Admitiré que la cama en la que duermo quiero mostrarte todo lo que tuve miedo de decir, morderte las heridas y lamerte los recuerdos de tu insatisfacción, quiero ser ajena a mis manos porque yo repasaré los recorridos que tracé en tu piel… Y ódiame por seguir queriendo que seas mío aunque sea para ver los defectos que me ocultaste y decidir no tenerte más, expiar las culpas de no ser lo suficiente mujer para ti y serlo lo necesario para seguir.

Sé que al estar frente a ti, me tocará gritarte los besos, hacer de mis ganas de tenerte una ironía y robarte la verdad con argumentos, porque no habrá nada que me des, que nos des, que nos quite esta sentencia de muerte sin el placer de la razón justa.

domingo, 23 de enero de 2011

Tu "ella"

Cuando creo haberte robado un instante, me resultas al final tan compartida como siempre, tan ausente y distante como si no tuviéramos cosas que probarle a la historia que nos hizo encontrarnos. Las noches en las que te encuentro siempre son blancas, y en ellas me doy cuenta que el papel que me das se parece al de lo más parecido a una muy buena opción (me llamaste un día “la otra”), no al de la primera, la que tiene un nombre que reconozco incluso cuando la llamas "ella" y tu distancia se traduce en rendirle pleitesía a la espera, y opto en ocasiones por ser malcriada pero las ganas de vivirte le ganan y termino esperándote de la manera absurda en que aprendí a hacerlo: sonriéndole a la vida, con las lagrimas en la cárcel de mis ojos indispuestos a darte tanto valor.

Su cumpleaños

Hoy voy a traicionarme un poco y extrañarte, recordar que fugazmente me dejaste sin mí y hoy quiero tenernos un rato, prometería guardarme el odio del amarte todavía y me dedicaría a recordar por qué sigo adelante con el triunfo de la derrota a cuestas...

Hoy quiero regalarme un instante para ser quien fui, que a pesar de tantos errores, pueda experimentar el tener poros que perciben sensaciones, el roce de tu piel entre ellas.

Traicionaré mi promesa de seguir adelante para tener un instante perdida en ti, con todos tus detalles que me costó dejar, con los te amos que me ofreciste a cambio de hacerme feliz...

Hoy gritare a escondidas que extraño sentirme viva, que estas lágrimas que tiñen el papel son ganas sin derecho a ser pronunciadas, son oportunidades perdidas de estar en tu piel.

domingo, 9 de enero de 2011

Y de repente suena una canción que no conozco y pienso...

No sé dónde ni cómo buscarte para que me sigas dando esa dosis de espera mientras te tengo a medias,
esta ausencia sin presencia mata neuronas que he de utilizar luego para olvidarte en mi rutina absorbente;
tengo indisposición de llegar a una realidad donde no estén tus palabras, tu voz en menos de 60 segundos ni la posibilidad de encontrarte en sueños;
aunque haya logrado amarte controladamente me tienes sin control el horario en el que pienso en ti y quiero tenerte, y estos días que han pasado los quise tanto vivir contigo que me han pesado todos los kilos que he de quitarme como meta de año nuevo.

¿Y la enseñanza de todo esto ha ido…? Esperar menos de ti, de cualquiera, de frenos absurdos para quererte y extrañarte menos.

jueves, 6 de enero de 2011

¿Despedirme también de la musa?

Están siendo muchas líneas y palabras a la vez, temo que se me vaya la musa, que me deje la madrugada vacía y el cuaderno en silencio, llamándote a escondidas para negociar con tu irresoluta presencia todo lo que quiero escribirte, gritarte, besarte… Y ya no importa guardarte como un secreto pero eres un cartucho de sonrisas que debo disfrutar mientras me dura, atraparte en mi imaginación mientras logro retenerte ahí para hacerte en sueños el amor, verte dormir mientras sueño y aprenderme tu espalda, tu “obesidad” que me quedé sin morder; pero cómo no digo este adiós con una sonrisa si me probaste que sin lágrimas hay silencios que tienen mucho que decir… Eres mi mejor musa ever, y sin miedo a cuestionarme el pasado, creo que puedo decirle que se quede, aunque tu te vayas, aunque tu fotos desaparezcan y salde mi cuenta con los intentos de hacerte feliz, se me quedara escondida la esperanza de tenerte y de robarle sonrisas a ti y a las palabras.

Carpeta de Imágenes/Ella

Solo me queda mirar tus fotos, recorrer los pocos rasgos que me dejaste ver en esos instantes que congelaste para mi, en esos gestos que todavía miro con timidez, con el temor de que sepas que te admiro como una diosa que quiero aprender de memoria.

Y recorro la pantalla con mis dedos nerviosos, imaginando que es tu piel, que siento el calor, los pliegues que se forman por tu risa, y junto a eso mi mirada avergonzada de amarte con tanta distancia, en la frialdad de quien no responderá mis caricias; y me guardo los besos que quise darte, los pongo junto a tus labios rojos, pícaros, ávidos de los besos que desconocen pero que recatados dan a entender que tienen indisposición de probarme… Solo así pude conocerte, a través de lo poco que me das, de lo variable de tus deseos y de mi ansiedad de que fuera permanente.

Dándome a la tarea de despedirme de ti

Quiero encerrarte en cada letra, en cada palabra, que te marchites en las historias que quise (que aún quiero) contigo, que los recuerdos que nos imaginamos juntas se añejen en el baúl donde pueda dejar también las sonrisas de haber soñado despierta.

Te me hiciste etérea en una batalla que siempre perdí, hoy no me importa decir que te quiero mía, que quiero regalarte historias y robarte sonrisas (como si algo así hubiera sido posible), que manera de engañarme es esta sabiendo tantas verdades… Aunque no sé por qué ahora es que tengo este sabor en la boca, de haberte fracasado en esta oportunidad tan pasajera, que se quedó en unas palabras mal interpretadas por un capricho tan egoísta como querer ser feliz, a costa de un amor que jamás sentirás.

Hoy creo que firmo mi derrota, sabiendo incluso que seguiré luchando con las armas que nunca tuve y pensé me habías dado; te dejó el espacio vacío que nunca habité, te dejo las sonrisas que nunca viste, te dejo este adiós a medio escribir porque no hubo nada que despedir.

A mí, que me dio por quererte

Hoy me he dado la tarea de olvidarte pero no ha sido fácil, y no sé cuál es el argumento de la vida pero le sigue funcionando bastante bien;
No hay encuentros furtivos, no hay miradas anhelantes por encontrarse en privado y hablar a través de la piel, no han podido coincidir tu voz con los gestos que haces, y aún así se me dio eso de quererte, de soñar con la calidez de tu respiración, con el olor de tu cuerpo que no he logrado imaginar, con tenerte frente a frente y memorizar tu sonrisa.

Aprendiste, incluso, a saber cuando ausentarte para no tener que encontrarte con el torbellino de mi malcriadez absurda, que hoy tiene antojos de que todo sea fácil y así poder tenerte… Y a pesar de todo, de la nada y de lo poco que parece haber sigues ahí, analizando estas ganas que he aprendido a domar como una fiera temerosa de que te canses…

Y quisiera que te cansaras de una vez, de esta nada que hay, de lo mucho que siento, para después seguir como me lo prometí: sola, sin la certeza de poderme equivocar y ser feliz.

Cánsate y vete, desaparece de mis líneas que solo han querido, desde siempre, plasmarse en tu piel; te me antojas, tú, aquí y ahora, porque no quiero convivir con mi disposición a conocerte, a besarte los miedos, las dudas y la certeza; quiero hacer que dudes de conocerme como pretendías hacerlo y te quedes aquí averiguándolo; quiero inventarte sombras en tu cuerpo llenándolo de besos, conocer el sabor de tu piel pintándola con recuerdos.

[Insertando aquí la palabra que a ella no le gusta usar]

Te me fuiste como ingenuamente pensé que no lo harías y no quiero que regreses para seguir en lo de siempre, en alentarte una felicidad que parece que nunca inició y no me quiere de protagonista y ya no sé como decirte que no entiendo lo pasajero de tu sonrisa, de la mentira o la verdad de quien corresponde a tanto amor… Pero quien soy yo para juzgarte las ganas de ser feliz, de que te encuentres precisamente en unos ojos que tienen más dueños de lo que tu preferirías; pero no seré quien te diga que puede o no puede pasar, simplemente renunciaré a encontrarte en mis sueños, a que mi sonrisa dependa de tus palabras o de lo que imagino en tus silencios; ya no voy a esperarte como el fiel enamorado con el peluche y los chocolates en la mano a que él (ella) te deje o tu te dejes ir…

Y las palabras que uso para entenderte no son mías, pero acepto ese amor del sacrificio y la dicha que solo se vive a través del otro, de tu sonrisa cuando la miras, de su falta de ausencia. Y será como quieras, en las palabras no pronunciadas, que yo siga esperando a que no vuelvas o que regreses para curarte las heridas y llenarte de recuerdos sin sombras ni fantasmas, que recorras la ciudad por caminos nuevos, que nos inventemos un planeta o un país, y estoy dispuesta a negociar contigo las sonrisas, tu silencio y tu dicha solo para que no te vayas más, y queden así los espacios que nos inventamos para iniciar la vida, para jugar a que nos escapamos de lo que no entiende que las cosas sean así, incluso de la felicidad que sienten de que nos hayamos encontrado.


“¿Entristecer con mi presencia su felicidad, ser un reproche, marchitar las flores que se puso en los cabellos para ir al altar? ¡Jamás, jamás! ¡Que su cielo sea sereno, que su sonrisa sea clara! Yo te bendigo por el instante de alegría que diste al transeúnte melancólico, extraño, solitario…”