Me voy a comer la boca de no poder besarte,
esta malcriadez se desborda por encima de mi torpe salud mental, y solo quiere las respuestas a todas las preguntas que me hiciste hacer en voz alta.
Sigues sin ser nadie, desapareciste de mi rutina y todavia, mientras tanto, sin embargo, te extraño. Y lo hago, haciendole pucheros a mi celular, peleandome con la ausencia del tono predefinido que me decia que eras tu, la que leía mis letras del otro lado de la tecnología y se convertía en desconocida, conocida, imposible, capricho, necesidad, ausencia...
Y dejaste de estar desde que te bastaron los silencios prolongados, y preferiste no retar a tus soñadas aspiraciones de descifrar los juegos, me cambiaste por otro "objeto" que llamara tu atención, apareció de pronto el monstruo temido: tu aburrimiento.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
martes, 7 de septiembre de 2010
Buzón de sugerencias: La queja
Tengo una queja formal que hacer, parece que sigues habitando en mi, en los rincones donde no es posible quitar las telarañas ni el polvo, sigues siendo la excepción de una regla con la que me canse de medir las palabras, los silencios y las miradas que no son tuyas.
Si, lo admití, para mi fortuna o desgracia, eres el instante de dicha suficiente que se tiene toda la vida, pero creo que también te has convertido en el instante de desdicha que me habría gustado ahorrarme… Pero no es suficiente que las lagrimas indispuestas de tu recuerdo pretendan huir inútilmente para ser un motivo de la fracasada superación del pasado. Y no hay maneras de confiar y te odio, y me odio por la impotencia de la mentira, o la verdad, de no poder creer en el mundo más allá de mis ojos y oídos, que solo se ven obligados a leer entre líneas un párrafo que pierde forma cada vez que me niego a ceder ante su verdad; sin lograr mirar unos ojos y sufrir en ellos por saber que un “todo va a estar bien” será santa palabra y bastará para ordenar la tragedia, la rabia y el arrepentimiento.
Pero no es posible, siguen siendo suficientes los silencios, las palabras frustradas en la punta de la lengua porque no pasan de ahí, de hacerse aire y sonido, y ahogo las ganas y las marchito con las excusas que me invente para asumir la desdicha del conseguir metas que no incluyan el amor… Renuncio, si es posible hacerlo, a que no pase sangre por mis venas, que termine de no importar más nadie que yo misma, pero no sé cómo olvidar lo que pasó, lo que no fue y lo que será… Ella sigue sin llegar, al parecer, porque no te dejo ir… Pero ocupas el espacio vacío que se me olvida en ocasiones que no está y te haces pasado y única historia que contar.
Si, lo admití, para mi fortuna o desgracia, eres el instante de dicha suficiente que se tiene toda la vida, pero creo que también te has convertido en el instante de desdicha que me habría gustado ahorrarme… Pero no es suficiente que las lagrimas indispuestas de tu recuerdo pretendan huir inútilmente para ser un motivo de la fracasada superación del pasado. Y no hay maneras de confiar y te odio, y me odio por la impotencia de la mentira, o la verdad, de no poder creer en el mundo más allá de mis ojos y oídos, que solo se ven obligados a leer entre líneas un párrafo que pierde forma cada vez que me niego a ceder ante su verdad; sin lograr mirar unos ojos y sufrir en ellos por saber que un “todo va a estar bien” será santa palabra y bastará para ordenar la tragedia, la rabia y el arrepentimiento.
Pero no es posible, siguen siendo suficientes los silencios, las palabras frustradas en la punta de la lengua porque no pasan de ahí, de hacerse aire y sonido, y ahogo las ganas y las marchito con las excusas que me invente para asumir la desdicha del conseguir metas que no incluyan el amor… Renuncio, si es posible hacerlo, a que no pase sangre por mis venas, que termine de no importar más nadie que yo misma, pero no sé cómo olvidar lo que pasó, lo que no fue y lo que será… Ella sigue sin llegar, al parecer, porque no te dejo ir… Pero ocupas el espacio vacío que se me olvida en ocasiones que no está y te haces pasado y única historia que contar.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Bombillo que prende y apaga
Tu intermitencia marchita mis ganas, las que quedan, las que sobran de vivir a la deriva por un sueño, por revivir las sonrisas y la musa… Tu intermitencia no me da nada, solo pequeños aguijonazos a mi ego que se desacostumbró a esperar que lo traten bien.
Tu intermitencia es como un bombillo a punto de quemarse, que fastidia, que molesta, que rompe con las ganas de dedicarse a lograr algo, eres un algo lleno de temporalidad que no permite soñar con la eternidad de la risa o el beso.
Pero quiero tu permanencia en el tiempo y el espacio, que la distancia no sea la excusa barata de turno que me des y que yo acepte sin quejarme; pongámosle nombre, apellido, número de cédula y fecha de nacimiento a las negativas que negocias con mis risas y sonrisas y que se te escapan entre chistes malos que suavizan la estrategia… Quiero saber que la intermitencia es permanente y que siempre nos separarán los mismos motivos que nos unen y me llevan a esperarte y te llevan a regresar.
Coquetéale a mis ganas para que pongan su atención en tu ojos en la ausencia de convencionalidades que es el nombre que te falta para definirte entera y que es el toque con el que apareces en los sueños y te definen “perfecta”.
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