Me dejaste el alma medio vacía (o medio llena) de tanto dolor, amor y espera.
Te quedaste en la brisa que nunca roza dos veces mis mejores años y yo desesperada buscando inhalarte y tenerte por última vez, por primera vez. Te me quedaste en nada, con la piel manchada de espera, del calor de tus labios que no volverán a robarme sonrisas entre ganas de besarte; los míos se cansaron ya de imaginarte justo ahora, a cada instante, frente a mí. Soy la Penélope aturdida por el silencio de tu regreso que no llega, por el miedo de no saberte en pie frente a mí, aunque sea como una desconocida, para así darnos el tiempo que nos queda en descifrarnos la ausencia que habrá en la historia que nos inventamos para seguir adelante y ahora, volver atrás.
Que temor tan grande a que las travesuras de mi niñez las pague con unos años que corren tras tu ausencia, y se posan en cada abrazo que reconozco no fue tuyo. Las marcas del tiempo se posan en mis manos y no sé si cuando regreses compartiremos eso, las diferencias a las que tanto le temimos y están aquí, en mí, esperando que te enamores de ellas.
Me pregunto si debo recoger la mesa de la última comida que hiciste. El tiempo me premió con la fuerza para descifrar, en las migajas, el roce de tus labios, la muerte inacabada en tu boca y justo ahí, tu sonrisa de picardía avergonzada… Temo que recuerdes por qué te fuiste, y más aún, tu melancolía por no encontrar lo que dejaste.
Las sábanas están intactas, como olas que la brisa y los cuerpos han moldeado, en las que juego a volver a ser la mitad del amor que ahí se construía, la mitad de la dicha que nos dábamos en silencio, la mitad de los momentos que se quedaron tatuados en las paredes añejas de sudor, y ahí respiro el olor de tu piel cansada y dichosa y no hay manera de recordar cada pliegue donde se posaban mis besos... Dejamos dibujados instantes en el papel tapiz con restos de miradas, de gemidos, risas que ahora tienen miedo a ser escuchados por mi valentía aprisionada en la mentira de tu regreso.
Todo posee, entre dudas, la sensación de antes, la única que ha tenido que lidiar con los años a cuestas, que prometimos compartir, soy yo.
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