martes, 8 de marzo de 2011

Es el mismo punto de hace tantas líneas atrás

Me equivoqué, como solo yo supe hacerlo:
Te inventé como necesitaba que fueras y resulta que me seguiste el juego mientras yo me enamoraba de ti, mientras pintaba colores negándome palabras y disimulando las sonrisas en mi cama, pero terminaba soñándote, justamente de la manera en que no eras: posiblemente mía.
Y resultaste ser tan real como en mis “cuentos rusos” donde lo besos se quedan quemándote los labios, como sucede ahora, y no hay líneas en la historia que los puedan enmendar; se me quedaron las caricias escondidas en las uñas como rastros de piel que dibujé en las paredes.

Me he cansado de renunciar a soñarte pero eres el último recurso que tengo para luchar con el fracaso de mi misma, de serle suficiente a una completa extraña para hacerla sonreír… Se quedaron mis ganas de mostrarte un mundo que nunca estuviste dispuesta a conocer y este retomar el camino con tantas maletas acuestas se ha tornado mi negación más evidente.

Guardo las letras que se quedaron estancadas en los impulsos nerviosos que me hacen escribir para ver si las uso para crearme mi propia desdicha convertida en Best Seller, en la historia que las niñas fracasadas se devoran escondidas en los baños porque su cobardía no les permite dedicarse a sufrir por su propia cuenta; serás el personaje con nombre francés (extrañamente no serás ruso) que soñarán cambiar para convertirlo en su príncipe “rosado”.

Han sido tan insuficientes estas ganas de que te convirtieras en mi Julieta para que compartiéramos el balcón…

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