No sé si logre ser tan valiente para olvidar el recuerdo, dejarlo en el semanario escondido, en las esquinas de mi cuarto que dejaron de tener mi atención; no sé si la voluntad asuma la labor de dejarte esperando, que mi mente transite por lo que nos faltó vivir anhelando que regreses y te conviertas en más de lo que poseías de mí.
Te dedico las líneas en las que estará ausente tu nombre y las estelas de los besos que no existieron, porque habrá un mañana nuevo que no sabrá que el “ayer” estuvo plagado de risas que ahora no le pertenecen y que va recorriendo el tiempo recogiendo miradas que construirán te quieros y dulces silencios que sabrán decirte adiós.
El Futuro.
Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
J. Cortázar.
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