domingo, 8 de agosto de 2010

Caracas consumida, envidiosa y desgastada

Ya se qué quiero de ti, de los algo, de los nada, de los príncipes o las princesas soñadas: que se enamoren de los pasos, de los recorridos que haremos juntas en el caos, en los silencios de las avenidas, de las esquinas envidiosas del deseo que se profesan los amantes donde la luz pública no los llega a exponer.

Descubramos esta ciudad con nuestras manos, que es una mujer que nos rodea y se nos impone, reseñándonos historias de amores egoístas y silentes, que nos disfruta mientras nos entregamos los restos que en nosotras quedan luego de entenderla, de descifrarla. Excusémonos, ante el público que nos rodea, por las manos que se entretienen y tropiezan con el frío del cemento y las piedras y que culminan en el calor que nos llama.

Quiero que alucines en ella, preséntale los secretos de sus calles, los recuerdos, las huellas que me dejó esperándote.



Nota a pie de página

Caracas tiene el humor de una mujer
es extremo y cintura
confusión y portento
intemperie y saxo
como una mujer
Que ya no está. Que ya no está.

Leonardo Padrón

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