lunes, 9 de agosto de 2010
Epidemia
Le regalo instantes perdidos a la ausencia porque no queda más nada de nosotras por entregar, las historias perfectas están mostrando de repente la fecha de vencimiento y se siente levemente un olor a putrefacción que antes confundía con dulzura y sonrisas, era gratis y al parecer producían en masas la simpatía que adquirí en el supermercado de la web. De repente las palabras se suavizaron o se hicieron digeribles, pero se creaba una úlcera de desinterés que solo vislumbre al saber que tú también la tenías; la medicina, tu ausencia, solo la venden en la distancia y no en la curiosidad de tenerte.
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