domingo, 5 de septiembre de 2010

Bombillo que prende y apaga


Tu intermitencia marchita mis ganas, las que quedan, las que sobran de vivir a la deriva por un sueño, por revivir las sonrisas y la musa… Tu intermitencia no me da nada, solo pequeños aguijonazos a mi ego que se desacostumbró a esperar que lo traten bien.

Tu intermitencia es como un bombillo a punto de quemarse, que fastidia, que molesta, que rompe con las ganas de dedicarse a lograr algo, eres un algo lleno de temporalidad que no permite soñar con la eternidad de la risa o el beso.
Pero quiero tu permanencia en el tiempo y el espacio, que la distancia no sea la excusa barata de turno que me des y que yo acepte sin quejarme; pongámosle nombre, apellido, número de cédula y fecha de nacimiento a las negativas que negocias con mis risas y sonrisas y que se te escapan entre chistes malos que suavizan la estrategia… Quiero saber que la intermitencia es permanente y que siempre nos separarán los mismos motivos que nos unen y me llevan a esperarte y te llevan a regresar.

Coquetéale a mis ganas para que pongan su atención en tu ojos en la ausencia de convencionalidades que es el nombre que te falta para definirte entera y que es el toque con el que apareces en los sueños y te definen “perfecta”.

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