Me voy a comer la boca de no poder besarte,
esta malcriadez se desborda por encima de mi torpe salud mental, y solo quiere las respuestas a todas las preguntas que me hiciste hacer en voz alta.
Sigues sin ser nadie, desapareciste de mi rutina y todavia, mientras tanto, sin embargo, te extraño. Y lo hago, haciendole pucheros a mi celular, peleandome con la ausencia del tono predefinido que me decia que eras tu, la que leía mis letras del otro lado de la tecnología y se convertía en desconocida, conocida, imposible, capricho, necesidad, ausencia...
Y dejaste de estar desde que te bastaron los silencios prolongados, y preferiste no retar a tus soñadas aspiraciones de descifrar los juegos, me cambiaste por otro "objeto" que llamara tu atención, apareció de pronto el monstruo temido: tu aburrimiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario