lunes, 29 de noviembre de 2010

Me quedé sin excusas para no nombrarte

Hoy amanecí con ganas de encontrarte y sucumbir ante el poder de los recuerdos de tus besos y de tu piel, no sé como todavía es posible amarte entre tanto silencio y olvido.

Eres lo poco, lo suficiente, lo único… Lo que fue mío, de lo que fui y no queda nada, solo yo y creo no contar entre lo existente. No tengo miedo ya a decir que te amo porque es así y siento que he mentido al decir que ella es importante, ella solo me da razones para ponerle curitas a un corazón del cual solo hay ansias de tu regreso de la manera absurda en que pueda tenerte: en sueños.

Soñé contigo y me odie por despertarme, quería recordar lo que era tener piel, gritar, gemir, sentir placer, y es que no logro deslindar esa palabra de tu nombre y las mil groserías que me hacías decir estando dentro de mí y te amo para ser injusto con mi paz mental, por no dejar que los recuerdos se duerman entre las pocas cosas que todavía tienen tu nombre.

Ella, por su lado, me hizo recordarte y creo que hasta ayer me duró la estupidez de esperarla, de querer intentar y disponerme a borrarte; soy un templo que te rinde culto, incluso cuando la fe se perdió en discusiones y desconfianza… Eres el Dios omnipresente que guía mis ganas de amar hacia ti, a la sombra de los besos que se quedaron marchitos en la boca, a las caricias que no aprendí a darte y habitan en la yema de mis dedos, a las miradas sonrientes que se escondieron en el banco que comparten con Penélope.

Quiero bombardearme con fotos para ver si vomito el alma cansada de estar esperando por ti, seguir una vida que ha estado en pausa por 3 años, creo que incluso puedo llevar una cuenta eterna de los días que te he extrañado porque no siento, porque las sonrisas son fingidas desde que no dijiste adiós. Como quisiera saber si me piensas, aunque sea para odiarme, para renegar de tus besos, de los silencios, de los recuerdos, de las veces en que, entre lágrimas o plenitud, me dijiste que me amabas… Como odio recordar todavía cada centímetro de tu piel, las sombras que se formaban en tu cuerpo perfecto, del sabor de tus besos, de tu sudor, de tu piel en mis uñas por amarte intensamente.

Y solo quedarás así, como una mancha que siempre entorpecerá una nueva historia, con la que finjo olvidarte y solo logro recordar esta espera.

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