Se me acabaron las excusas para decirte que no quiero que mi piel sea leída por tu labios, se me acabó la cobardía de reservarme el placer para mañana, quiero que habites cada uno de los pliegues de mi piel mientras mis ganas te sonríen y aprenden a sorprenderte, quiero que me habites, que busques que mis labios saboreen lentamente la parte de atrás de tu oreja y descubrirte como el dueño de mi ser.
Se me acabó el pudor entre las conversaciones, las miradas y los “Usted”, se me fugaron los miedos y las comparaciones; quiero desaprender el amor y entender contigo el placer de las palabras mal dichas pero concebidas en la perfección de tu encanto, de nuestros silencios en los que oculto las ansias de que poseas mi dulzura y borrar de mi la santa y ser la z…
Quiero pertenecerte de la manera más básica y excitante, que habites y que profanes el templo de un Dios destronado, y que decores con tus labios una piel ávida de pinceladas de besos y mordiscos, que fotografíes los recuerdos que le vamos a deber a lo convencional, siendo solo tú y yo al margen de los rumores y del qué dirán… No quiero ser la novia y la que llevas a pasear, quiero que me secuestres las caricias desvergonzadas y que me tutorees los gemidos con los recorridos que haga tu lengua en mi piel y nos revelemos ante el silencio de la oficina y los salones; quiero que me vuelvas loca la inseguridad y se quede en el marco de la puerta, atorado en las esquinas donde mi sudor avanza despavorido por pertenecerte.
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